Agrotóxicos

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carrascoAndrés Carrasco es jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el ámbito académico de mayor reconocimiento de Argentina.

En abril de 2009 hizo público un avance de investigación que daba cuenta de efectos letales del glifosato en embriones anfibios.

Nunca en el país se habían hecho ese tipo de experimentos y fue un espaldarazo para las decenas de pueblos que denuncian los efectos de los agroquímicos.

Los grandes medios de comunicación (socios de las empresas de agronegocios) comenzaron un hostigamiento nunca visto. Incluso el ministro de Ciencia, Lino Barañao, intentó que el Conicet sancione a Carrasco.

La mayor crítica fue que el investigador no había publicado su trabajo en una revista científica. Con eso se lo intentó desprestigiar.

En agosto de 2010 la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (de la Sociedad Americana de Química) publicó la investigación de Carrasco.

Los defensores de los agronegocios (ministros de gobierno y empresarios, entre otros) igual cuestionaron al reconocido investigador.

Para los pueblos fumigados, campesinos, ONG ambientales y científicos críticos fue la última prueba que faltaba para condenar el uso de agroquímicos.

“Los resultados comprobados en laboratorio son compatibles con malformaciones observadas en humanos expuestos a glifosato durante el embarazo”, alertó Carrasco.

“No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron.

A pesar de eso intentaron ensuciar treinta años de carrera.

Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria.

Hay que recordar que el origen de mi trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos, ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el que trabajo hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios, aún en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones.

Los modelos animales de vertebrados que hoy se usan en la investigación embriológica tienen una mecánica del desarrollo embrionario temprano y una regulación genética común a los humanos.

Los resultados deben ser considerados extrapolables cuando un impacto externo los altera.

El mundo científico lo sabe y funcionarios de los ministerios también lo saben.

Además hay investigaciones similares en diversas partes del mundo y son muy serias.

Al mismo tiempo lo que hay, de parte de las empresas y sus periodistas empleados, es una hipocresía muy grande.

Descalifican una investigación, pero al mismo tiempo no escuchan la catarata de cuadros médicos palpables en las zonas sojeras, las provincias están plagadas de víctimas de agrotóxicos, pero ahí los diarios no quieren llegar, y mucho menos las empresas responsables.

No entiendo por qué mi relato tiene más importancia que el de las Madres de Ituzaingó (barrio de las afueras de la provincia de Córdoba, emblema de la contaminación con agroquímicos).

¿Por qué? Yo no soy más importante, de ninguna manera.

Los médicos de las provincias están desde hace años denunciando, los campesinos y las barriadas urbanas también.

Hay relatos médicos que confirman, en el norte de Santa Fe, que las estadísticas de bebés con malformaciones están muy por encima de la media mundial. Y queda todo silenciado.

Es una evidencia de la realidad y es incontrastable. Yo me inspiré en esa realidad y los resultados son los conocidos.

Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas con las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.

“Hay que tener presente que en Argentina es un caso único, con enorme cantidad de hectáreas con soja, 19 millones de hectáreas, más de la mitad de la superficie cultivada del país, algo pocas veces visto. Por eso digo que, desde el punto de vista ecotoxicológico, lo que sucede en Argentina es un experimento masivo.”

Reportaje a A. Carrasco realizado por Dario Aranda, publicado en castellano e inglés en : Leer aquí
www.gmwatch.org
El resaltado es nuestro.

C.I.E.A.O.

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